El presidente Javier Milei anunció una baja de los derechos de exportación para el trigo y la cebada, que pasarán de 7,5% a 5,5% desde junio, y un esquema de reducción gradual para la soja a partir de enero de 2027.
La decisión se terminó de definir horas antes de la presentación del presidente Javier Milei en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Según fuentes oficiales, el Gobierno trabajaba desde hacía meses en la baja de retenciones que el jefe de Estado anunció para el trigo, la cebada y la soja.
Cerca del ministro de Economía, Luis Caputo, indicaron que la medida «venían trabajando hace meses» y que el funcionario «tenía estudiada hace un montón». Sin embargo, el ministro no terminaba de decidir si era el momento de avanzar. Ese escenario cambió con los últimos datos de actividad económica y recaudación. En Economía observaron que «viene mejor la recuperación económica», lo que generó «más optimismo» sobre el escenario hacia adelante. La economía creció 3,5% mensual en marzo y 5,5% interanual, según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE).
La definición política se cerró apenas horas antes del acto en la Bolsa de Cereales porteña. En el equipo económico consideraron que la medida debía anunciarse durante la etapa de siembra del trigo. La campaña fina está entrando en etapa de definición y las sembradoras están por ingresar a los lotes en distintas regiones productivas. «Tenía que ser ahora», resumieron cerca del equipo económico.
La medida anunciada por Milei implica una baja de retenciones para el trigo y la cebada, que pasarán de 7,5% a 5,5% desde junio. Desde que el mandatario asumió, esos cultivos acumulan una reducción de los derechos de exportación: comenzaron la gestión en 12%. Además, se presentó un esquema de reducción gradual para la soja a partir de enero de 2027. Los derechos de exportación del poroto irán bajando entre un cuarto y medio punto por mes, según la recaudación, a partir de enero de 2027. El esquema estará atado a que continúe la mejora de la recaudación y se sostenga el equilibrio fiscal.
Detrás de la decisión apareció una combinación de factores económicos y productivos. Por un lado, el Gobierno informó que en abril volvió a registrar superávit financiero y que acumuló en el primer cuatrimestre un resultado primario equivalente al 0,5% del PBI. Al mismo tiempo, el EMAE de marzo mostró una suba de 3,5% mensual y de 5,5% interanual. El agro volvió a aparecer entre los sectores que más impulsaron la recuperación de la actividad.
La Bolsa de Cereales de Buenos Aires estimó que la próxima campaña de trigo y cebada podría generar exportaciones por US$4603 millones y aportar alrededor de US$1180 millones en derechos de exportación. La campaña 2026/27 arranca con buenas reservas de humedad en gran parte de la región agrícola, pero los costos empezaron a cambiar la ecuación económica del cereal. La suba internacional de los fertilizantes golpeó especialmente a la urea, uno de los principales insumos del cultivo.
La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) advirtió que la campaña 2026/27 podría perder unas 500.000 hectáreas de intención de siembra, una caída interanual del 7%, con una superficie proyectada de 6,66 millones de hectáreas. El problema no era climático, sino el aumento de costos. La guerra en Medio Oriente disparó el precio internacional de los fertilizantes y golpeó especialmente a la urea, que subió 77% desde enero, mientras que el trigo a cosecha apenas avanzó 16%. La relación insumo-producto tuvo un fuerte deterioro: si antes hacían falta 2,7 toneladas de trigo para comprar una tonelada de urea, ahora hacen falta 4,3 toneladas. Entre marzo y abril, la rentabilidad esperada del trigo cayó 43% en campo propio y 54% en campo alquilado, según la BCR.
En algunos planteos de producción en campos arrendados empezaban a aparecer números en rojo. La BCR estimó que, con rindes de 40 quintales por hectárea, el margen neto podía quedar en US$65 por hectárea en campo propio y arrojar pérdidas de US$128 por hectárea en alquiler. En el Gobierno entendían que la señal tenía que aparecer antes de que los productores terminaran de definir la campaña.
