El 2 de septiembre de 1944, el entonces teniente George H.W. Bush sobrevivió al derribo de su avión sobre el Pacífico. Seis décadas después, se desclasificaron documentos que revelaron el destino de ocho aviadores capturados en la isla de Chichijima.
El 2 de septiembre de 1944, un grupo de nueve pilotos de la Marina de Estados Unidos despegó a las 7:15 de la mañana con la misión de destruir las torres de comunicaciones de la isla japonesa de Chichijima, en el archipiélago de las islas Bonin, a unos 800 kilómetros al sur de Japón. Entre ellos se encontraba el teniente George Herbert Walker Bush, de 20 años, quien pilotaba un bombardero torpedero Grumman TBM Avenger. Bush era en ese momento el aviador más joven de la Marina, según registros de la institución.
Durante el ataque, la defensa antiaérea japonesa abrió fuego. El Avenger de Bush recibió un impacto directo. «El avión estaba ardiendo. La cabina empezaba a llenarse de humo. Pensé que iba a explotar», declaró Bush años después en una entrevista con CNN. Bush ordenó a su operador de radio y a su artillero que se lanzaran en paracaídas. Solo Bush logró escapar: uno de los tripulantes no pudo abrir su paracaídas y el otro se hundió con el avión. Bush cayó al océano y nadó alejándose de la isla mientras botes japoneses lo buscaban. Cuatro horas después, el submarino USS Finback emergió y lo rescató.
Los otros ocho pilotos derribados ese día fueron capturados por embarcaciones japonesas y trasladados a la isla. Según las actas de un juicio por crímenes de guerra celebrado en Guam en 1946, los aviadores fueron sometidos a torturas y ejecuciones. Cuatro de ellos fueron canibalizados por oficiales japoneses. El general Yoshio Tachibana propuso la práctica tras la ejecución de uno de los prisioneros, según testimonios del juicio. El mayor Sueo Matoba declaró que había preparado el hígado de un soldado «atravesado con palitos de bambú y cocinado con salsa de soja y verduras», y lo describió como «buena medicina para el estómago». En 1947, Tachibana, Matoba y otros oficiales fueron declarados culpables y ejecutados.
Durante casi 60 años, el gobierno de Estados Unidos clasificó como «alto secreto» los archivos del juicio. Bill Doran, un abogado que participó en el proceso, firmó un juramento de confidencialidad y guardó silencio durante más de cinco décadas. En 1997, tras la desclasificación de los documentos, Doran rastreó el expediente y contactó al escritor James Bradley, quien publicó el libro Flyboys en 2003, revelando los hechos. Bradley contactó a los familiares sobrevivientes para informarles sobre el destino de los aviadores.
George H.W. Bush, quien llegó a la presidencia de Estados Unidos en 1989, no conoció el destino de sus compañeros hasta después de la publicación del libro. Bradley declaró que, al contarle la historia, Bush reaccionó con «movimiento de cabeza, mucho silencio. No hubo disgusto, ni conmoción, ni horror». Bush y Bradley viajaron juntos a Chichijima, que hoy es un destino turístico. Antes de su muerte en 2018, Bush declaró en una entrevista: «¿Por qué estoy bendecido? ¿Por qué sigo vivo? Eso me ha perseguido».
