La Sociedad Rural Argentina planteó en la Exposición Rural de Palermo la necesidad de eliminar los derechos de exportación por ley, con el objetivo de generar condiciones estables que permitan transformar el perfil productivo del campo argentino.
La eliminación definitiva de los derechos de exportación volvió a instalarse como el principal reclamo del sector agropecuario, aunque esta vez con un objetivo que va más allá del alivio fiscal inmediato: impulsar un cambio estructural en la forma de producir e invertir en Argentina.
Tras la Exposición Rural de Palermo, el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Nicolás Pino, sostuvo que el desafío ya no pasa únicamente por mejorar la rentabilidad del productor, sino por generar condiciones estables que permitan transformar el perfil productivo del campo argentino.
Desde la entidad consideran que las retenciones siguen siendo el principal obstáculo para consolidar ese proceso. Por eso, el planteo ya no apunta solamente a una reducción transitoria, sino a una eliminación definitiva mediante una ley que impida su reinstalación por futuros gobiernos. «Las retenciones son un impuesto confiscatorio que desalienta la inversión. Cada vez que disminuye la presión impositiva, el productor responde invirtiendo más, incorporando tecnología y generando empleo», afirmó Pino.
Uno de los conceptos que más fuerza tomó durante la exposición fue la necesidad de modificar la lógica con la que históricamente debieron administrar sus empresas los productores. Durante décadas, la volatilidad macroeconómica obligó al sector a priorizar decisiones financieras por encima de las productivas. La incertidumbre cambiaria, la inflación y la carga tributaria hicieron que buena parte de la gestión estuviera orientada a preservar capital antes que a maximizar producción.
Ahora, desde la SRA sostienen que el objetivo debe ser exactamente el contrario. El planteo consiste en que el productor vuelva a concentrarse en mejorar rindes, incorporar innovación, aumentar productividad y planificar inversiones de largo plazo, en lugar de destinar gran parte de sus decisiones al manejo financiero del negocio. Según Pino, ese «reseteo» sólo será posible si las reglas tributarias dejan de modificarse de manera permanente.
El sector también plantea que Argentina debería converger hacia el modelo que aplican los principales países agroexportadores de la región. Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia, señalaron desde la entidad, no aplican impuestos similares sobre las exportaciones agropecuarias y mantuvieron políticas relativamente estables para el sector independientemente del signo político de sus gobiernos.
Para la dirigencia rural, esa continuidad explica buena parte del crecimiento que esos países registraron durante las últimas décadas. En ese sentido, consideran que eliminar las retenciones mediante una ley permitiría convertir esa decisión en una política de Estado y reducir el riesgo de que futuros gobiernos vuelvan a utilizarlas como mecanismo de recaudación frente a desequilibrios fiscales.
La visión del sector también incorpora un cambio en la estructura productiva del país. Si durante décadas el agro fue prácticamente el único gran generador de divisas, hoy la expectativa es compartir ese rol con actividades como la minería, el petróleo y el gas. Desde la SRA consideran que esa diversificación permitirá aliviar la presión histórica sobre el campo y construir una economía con múltiples motores de crecimiento. En ese escenario, el agro dejaría de ser el único sostén del ingreso de dólares y podría concentrarse en desarrollar su potencial productivo con mayores niveles de inversión, incorporación tecnológica y agregado de valor.
La apuesta, sostienen, es que ese nuevo esquema permita transformar una demanda histórica —la eliminación de las retenciones— en el punto de partida de un modelo productivo orientado a competir con mayor previsibilidad en los mercados internacionales.
