La temporada de caza menor 2026 en la provincia de Buenos Aires y Entre Ríos evidenció una menor presencia de perdices y liebres en campos recorridos. Factores ambientales, depredadores, agroquímicos y cambios económicos y sociales conforman un escenario que requiere estudios para determinar causas y posibles medidas.
La temporada de caza menor de 2026, desarrollada en campos de la provincia de Buenos Aires y Entre Ríos, dejó como observación principal la disminución de las poblaciones de perdices y liebres. Según el relevamiento realizado por cazadores y productores, en partidos como Rauch, donde históricamente abundaron las perdices, la presencia de estas aves fue considerablemente menor. La liebre, por su parte, fue la especie con mayor ausencia, ya que en varias salidas no se registró ningún ejemplar.
Las causas de esta disminución no fueron determinadas con precisión. Entre los factores mencionados por los entrevistados se incluyen cambios ambientales, el incremento de depredadores como zorros, gatos monteses y aves de rapiña, la transformación del paisaje rural, la desaparición de montes y pastizales, y el uso de agroquímicos. También se señalaron condiciones meteorológicas particulares al inicio de la temporada, con campos anegados y pastos altos, que pudieron afectar la distribución de la fauna.
En relación con las liebres, se observó la presencia de criadores de galgos que entrenan a sus perros en zonas rurales, práctica que podría implicar la captura de liebres. No existen estudios que cuantifiquen el impacto de esta actividad.
En el ámbito comercial, la actividad de captura de liebres registró una reducción. De los 22 frigoríficos dedicados al procesamiento y exportación de liebres que existían años atrás, actualmente permanecen tres en actividad. El precio por ejemplar varía entre $6.000 y $7.000, según la zona y el comprador, y una jornada de caza nocturna puede requerir una inversión mínima de $400.000, según datos del sector.
La caza deportiva también enfrenta una disminución en la participación de jóvenes, atribuida a factores económicos y culturales. El costo de los traslados, permisos y equipos aumentó, y se observó una menor vinculación de las nuevas generaciones con el ámbito rural.
Frente a este panorama, productores y cazadores coinciden en la necesidad de realizar relevamientos periódicos y estudios específicos para evaluar el estado de las poblaciones y los factores que inciden en su disminución. La ausencia de datos actualizados impide establecer conclusiones definitivas, según indicaron.
