Un estudio de la organización de consumidores CHOICE reveló que 16 de 20 protectores solares analizados no alcanzaban el Factor de Protección Solar indicado en su etiqueta. La Autoridad de Productos Terapéuticos de Australia propuso eliminar los números de FPS y reemplazarlos por categorías generales.
Un informe independiente de la organización de consumidores CHOICE analizó 20 protectores solares comercializados en Australia y determinó que 16 de ellos no cumplían con el Factor de Protección Solar (FPS) anunciado en su etiqueta. En el caso más severo, según el estudio, un producto brindaba un décimo de la protección prometida.
El informe, difundido hace un año y conocido como «Sunscreengate», indicó que varias de las marcas reprobadas contaban con el respaldo del Australian Cancer Council, institución benéfica del país dedicada a la prevención del cáncer de piel.
«Tengo plena confianza en los resultados de CHOICE. El laboratorio que probó los protectores solares tiene mucha experiencia», afirmó el biólogo molecular John Stanton a la revista The Scientist.
Tras la difusión del informe, se produjo una retirada de productos del mercado y se detuvo la producción de más de una veintena de marcas que compartían la misma fórmula base a partir de óxido de zinc.
Dificultades en la fabricación y prueba de protectores solares
La química Michelle Wong, creadora de Lab Muffin Beauty Science, declaró: «Fabricar un protector solar es difícil, pero probarlo es realmente muy difícil».
La investigación de The Scientist detalló el funcionamiento de los ingredientes activos:
- Filtros orgánicos (o «químicos»): formados por moléculas a base de carbono con enlaces conjugados alternados. «Tienen muchos carbonos unidos, anillos aromáticos y conjugación», precisó Wong. Esta estructura permite que los electrones se desplacen deslocalizando la energía y transformen los rayos UV en calor inofensivo.
- Filtros inorgánicos (o «minerales»): compuestos por partículas de dióxido de titanio u óxido de zinc, también absorben la radiación UV para convertirla en calor y la reflejan o dispersan en parte.
Las formulaciones minerales con óxido de zinc registraron los peores resultados en las pruebas independientes. «Las partículas de zinc son mucho más densas que los otros ingredientes, que suelen ser aceites y un poco de agua, por lo que tienden a hundirse y separarse mucho más que los componentes químicos», explicó Wong. «En casi todas las pruebas de terceros, las fórmulas con óxido de zinc casi siempre obtienen peores resultados porque son mucho más difíciles de formular», agregó.
A las dificultades químicas se suma la fisiología humana. «Cuando el protector se seca, el agua se evapora, los ingredientes se absorben y se mezclan con las capas superiores de la piel, y es recién ahí cuando se forma la película protectora», advirtió Wong.
Ensayos dermatológicos bajo la lupa
El método estándar de prueba in vivo (norma ISO 24444) aplica el producto sobre la espalda de voluntarios de piel clara y los expone a un simulador solar.
El dermatólogo clínico Henry Lim, ex presidente de la Academia Estadounidense de Dermatología, y la científica Michelle Wong cuestionaron el protocolo. Lim advirtió que en el ensayo «se aplican dos miligramos por centímetro cuadrado en la piel, y esa cantidad es definitivamente mayor de la que usaría una persona promedio en una situación real». Además, la prueba mide cuánto tarda la piel protegida en ponerse rosada respecto de la descubierta, una medición que depende del observador.
«Las limitaciones que llevaron al escándalo en Australia se deben a que es una prueba muy subjetiva», sostuvo Lim. «La realizan personas capacitadas, pero un ser humano entrenado todavía tiene que evaluar el enrojecimiento inducido por el simulador, por lo que hay bastante subjetividad».
«La tentación para los desarrolladores de protectores solares siempre está ahí: ‘¿Quién me da el resultado más alto y qué tan rápido puedo obtenerlo?'», enfatizó Stanton.
El informe mencionó irregularidades detectadas en laboratorios externos, como Princeton Consumer Research. Aunque se promueven ensayos in vitro (norma ISO 23675) realizados sobre placas de plástico mediante espectrofotometría, Lim remarcó sus límites: «No hay duda de que el método in vitro es muy objetivo… pero no tiene en cuenta la respuesta biológica de la piel humana».
Propuesta de etiquetado sin números de FPS
La Autoridad de Productos Terapéuticos de Australia (TGA) sugirió eliminar los números de FPS de los envases y sustituirlos por cuatro categorías generales: protección baja, media, alta y muy alta.
Wong apoyó la iniciativa: «Honestamente, mirando hacia atrás, tener números de FPS específicos fue un error porque ofrece demasiada falsa precisión».
Lim coincidió: «En principio, es probable que sea más fácil para el consumidor entender qué tipo de protector solar está comprando» con el nuevo etiquetado propuesto.
Uso de protector solar y prevención
Consultada sobre si debe seguir usándose protector solar, la respuesta médica es afirmativa. Wong citó evidencia histórica: «Un protector solar con FPS 16 de la década de 1990 logró reducciones masivas en la incidencia de cáncer de piel y melanoma; casi la redujo a la mitad».
Lim recordó que el producto no es suficiente por sí solo: «Quiero enfatizar que la fotoprotección no es sólo el protector solar. Se trata más bien de buscar la sombra al aire libre, usar ropa protectora adecuada, sombreros, protector solar en las zonas expuestas y, por supuesto, anteojos de sol», concluyó.
