La embajadora global del Stanford Center on Longevity propone repensar la jubilación como una etapa de reinvención y sugiere que las empresas y gobiernos se adapten a vidas más largas.
Annie Coleman, especialista británica y embajadora global del Stanford Center on Longevity, afirmó que «la longevidad no es solo sumar años, sino sumar vida a esos años». Con más de cuatro décadas de experiencia en empresas globales, cuestionó el modelo tradicional de retiro y propuso que la acumulación de años se transforme en un activo estratégico.
Coleman, de 66 años, fundó la consultora RealiseLongevity, desde donde asesora a directorios y CEOs para replantear la estrategia corporativa y el capital humano con una mirada puesta en vidas más largas. Ayuda a las empresas a responder al envejecimiento de la población, planificar carreras en múltiples etapas y aprovechar las oportunidades de la nueva economía de la longevidad.
En una entrevista, Coleman sostuvo: «La vida es reinvención y, en una vida más larga, la gente tendrá que reinventarse varias veces porque ya no funcionará el esquema a la antigua: educación, trabajo y retiro. En el futuro, el recorrido será más flexible y menos lineal: alternará etapas de formación, actividad laboral, pausas de tiempo libre y reciclaje profesional. Por eso, el aprendizaje permanente será necesario para todos».
Consultada sobre su interés por la longevidad, relató que a los 50 años trabajaba independientemente y asumía que continuaría así el resto de su carrera. «Me ofrecieron un puesto en el banco UBS y yo misma no podía creer que, a los 52 años, quisieran contratarme. Eso me hizo darme cuenta de que yo misma había internalizado prejuicios edadistas», declaró. Trabajó en UBS ocho años y luego en UniCredit, y dejó el trabajo corporativo a tiempo completo a los 62. «Esos diez años fueron de los más productivos, mejor pagados y más gratificantes de mi carrera», agregó.
Coleman señaló que decidió «animar a más empresas a pensar en retener y contratar a personas mayores de 50 o 55 años porque tienen mucho que aportar». Citó un informe de la consultora Bain que estima que para 2030 habrá 150 millones de empleos adicionales para mayores de 55 años en el mundo, debido a la escasez de habilidades y cambios demográficos.
En cuanto a las estrategias para las empresas, mencionó: «Primero, entender la demografía: no son pronósticos, son hechos. Nacen menos personas de las que mueren y, al mismo tiempo, vivimos más años». Recomendó rediseñar las formas de trabajo pensando en vidas más largas, evitar «precipicios» de jubilación, asegurar capacitación para mayores de 50 y fomentar equipos intergeneracionales. Afirmó que «un estudio reciente titulado Inteligencia mostró que el pico cognitivo se alcanza entre los 55 y 65 años».
Sobre los cambios en jubilaciones, explicó que en 1940 la jubilación solía durar siete u ocho años, mientras que hoy una persona puede retirarse a los 60 y vivir 30 años más. «No es sostenible que los gobiernos financien jubilaciones durante 30 o 40 años», afirmó. Respecto a la edad adecuada para retirarse, opinó que «los niños de hoy probablemente tendrán que trabajar hasta los 70 años». Mencionó el caso de la empresa francesa NGE, que adapta el trabajo en construcción para personas mayores ofreciéndoles formación como mentores.
Para reinventarse tras la jubilación, recomendó: «Es clave identificar las propias habilidades y fortalezas y si podés usar esas fortalezas, te sentirás realizado». También destacó la importancia de mantener conexiones sociales, cuidar el bienestar y «pensar en ahorrar lo suficiente debe empezar mucho antes». Señaló que «mucha gente empieza negocios después de los 55. Es uno de los sectores de mayor crecimiento en el Reino Unido».
En relación con la educación, sostuvo que «las universidades deben transformarse en espacios de aprendizaje permanente» y mencionó iniciativas como créditos en Singapur para mayores de 40 años o la Universidad de la Tercera Edad en el Reino Unido.
Coleman también abordó el concepto de «huella de identidad», indicando que muchas personas se identifican demasiado con su rol profesional. Describió cuatro etapas tras dejar una carrera: una «luna de miel», una crisis de identidad, una fase de experimentación y finalmente la búsqueda de un propósito. «Las mujeres suelen manejar mejor este cambio porque tienden a tener múltiples roles a lo largo de su vida, mientras que los hombres están más ligados a una única carrera», concluyó.
