A pesar de indicadores positivos como crecimiento del PBI, baja del riesgo país y equilibrio fiscal, la tasa de inversión en Argentina se mantiene por debajo del 20% del PBI, una brecha que el ahorro doméstico dolarizado no logra cerrar.
La economía argentina presenta indicadores macroeconómicos en mejora, como crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI), avance de las exportaciones, descenso del riesgo país, compra de reservas por parte del Banco Central y desaceleración de la inflación. El equilibrio fiscal se sostiene como un dato constante.
Sin embargo, el crecimiento es desigual entre sectores, el mercado laboral muestra signos de deterioro y la inversión no reacciona. Según datos oficiales, un sendero de crecimiento sostenido requiere niveles de inversión cercanos al 25% del PBI. Argentina nunca superó el 20% y en los últimos años rondó el 16%, lo que deja una brecha de nueve puntos del PBI que la recuperación cíclica no cierra.
La Inversión Extranjera Directa (IED) en 2025 se ubicó en 0,5% del PBI, frente al 3,7% de Chile y el 3,4% de Brasil. Aunque la IED argentina subiera a niveles chilenos, seguiría sin cerrar la brecha de nueve puntos, ya que el grueso de la inversión se financia con ahorro doméstico.
En 2025, las compras de dólares para atesoramiento alcanzaron el 4,7% del PBI, más de la mitad de los nueve puntos que le faltan a la economía para llegar a la meta de inversión. Según analistas, ese comportamiento responde a la baja previsibilidad del sistema: inflación persistente, incertidumbre cambiaria y antecedentes de modificaciones regulatorias.
La baja inversión se atribuye a un conjunto de restricciones que se refuerzan entre sí: volatilidad macroeconómica, controles cambiarios, presión tributaria alta y distorsiva, e inseguridad jurídica. En este contexto, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias (RIGI) fue diseñado para atraer proyectos de gran escala en sectores estratégicos, con inversiones superiores a los mil millones de dólares, financiadas con capital extranjero.
El RIGI apunta a la porción de la inversión extranjera directa, mientras que el ahorro doméstico dolarizado queda fuera del circuito productivo. Según fuentes del sector, la discusión no debería girar en torno a cuántos regímenes especiales se crean, sino a cómo extender condiciones estables y previsibles al conjunto de la economía, lo que implica normalizar el régimen cambiario, avanzar hacia un esquema monetario creíble y sostener la consistencia fiscal.
