El partido Alternativa para Alemania (AfD) avanza en los estados federados de la antigua República Democrática Alemana (RDA), en un contexto de persistentes asimetrías económicas y sociales entre el este y el oeste del país.
El mapa político de Alemania registra cambios desde la reunificación de 1990. El partido Alternativa para Alemania (AfD) se consolidó en los estados federados de la antigua República Democrática Alemana (RDA). En la elección de Sajonia-Anhalt, la formación rozó la mayoría absoluta.
Según analistas, factores estructurales convierten a los antiguos territorios orientales en un terreno para el radicalismo de derecha. Décadas después de la caída del Muro de Berlín, persiste una asimetría económica. Los salarios medios, las grandes sedes empresariales, la riqueza heredada y los puestos de alta dirección en el Estado y la Justicia se concentran mayoritariamente en el oeste del país. Parte de la población oriental experimenta una sensación de ser «ciudadanos de segunda clase» dentro del país.
La transición al capitalismo tras 1989 destruyó el tejido industrial tradicional de la RDA y desvalorizó las estructuras laborales de una generación entera. Esa situación dejó una vulnerabilidad que muta en resentimiento contra el establishment de Berlín y Bruselas.
El voto a la AfD en el Este convive con una relectura de ciertos aspectos del antiguo Estado comunista (seguridad ciudadana, previsibilidad laboral, colectivismo), fusionada con un nacionalismo étnico radical.
Nacida en 2013 como una fuerza euroescéptica, la AfD evolucionó hacia el nacionalismo radical. Uno de sus ejes programáticos es el rechazo a la inmigración. Proponen el cierre de fronteras y la expulsión masiva de inmigrantes ilegales y solicitantes de asilo.
Resalta también su alineamiento geopolítico con la Rusia de Vladimir Putin. La simpatía hacia el Kremlin se traduce en exigencias de levantar las sanciones a Rusia y cesar la ayuda militar a Ucrania.
Cuestionan las políticas climáticas de la Unión Europea y el ecologismo institucional, presentándolos como un impuesto ideológico a la clase trabajadora, a la par que combaten las políticas de género y la diversidad cultural.
El avance de la AfD en el Este pone en jaque la estrategia de los partidos moderados y destruye el llamado Brandmauer (el cordón sanitario institucional que impedía cualquier fórmula de cooperación con la extrema derecha).
La ex canciller Angela Merkel calificó los acontecimientos recientes como «un punto de inflexión sencillamente impactante».
